“En la compañía están todas las opciones para el que quiere aprender”, afirma. Su historia es el ejemplo de esa transformación.
A los 18 años, Óscar Pereira Cerda salió desde Chipana – un pequeño poblado de Huentelauquén – con rumbo a Minera Los Pelambres para realizar su práctica profesional.
Creció en el campo, en una realidad muy distinta a la de hoy .Sus padres, Amanda y Raúl, y su padrino, Nelson, como muchas personas de esa época en sectores rurales, no tuvieron acceso a la educación formal, sin embargo, eso nunca fue una barrera para transmitirle valores que marcarían su vida: trabajo, humildad, constancia y siempre buena actitud.
“Vengo de una familia humilde, pero siempre me he sentido muy orgulloso de eso”, comenta.
Con esa historia y con muchas ganas de construir su futuro, llegó por primera vez a la compañía en 2001 como practicante del laboratorio metalúrgico. Aún recuerda ese primer viaje desde Los Vilos hacia Chacay, observando los cerros y las casas de adobe que aparecían en el camino, en un paisaje que le resultaba cercano a su propio hogar: “Jamás lo voy a olvidar porque una zona de campo y lo encontré muy familiarizado con el lugar donde yo viví”, comenta.
Junto a eso, también mantiene viva la impresión que le provocó conocer por primera vez la gran minería. “Había estudiado minería, pero no la conocía. Cuando llegué, me impresionó la gran dimensión”, destaca.
En esos primeros días hubo una persona clave: Mario Espejo, de Recursos Humanos, quien lo recibió en su ingreso. “Hoy día miro para atrás y en realidad era un niño. Él me dio buenos lineamientos y me dejó clarito de cómo iba a ser mi ruta en ese tiempo”, recuerda.
De esta manera, lo que comenzó como una práctica rápidamente se transformó en una meta personal. “Mis ganas siempre fueron quedarme, desde el minuto uno que conocí Pelambres”, afirma. Y así fue. Luego de su práctica fue contratado por el Centro de Investigación Minero Metalúrgico (CIMM) para prestar servicios a la compañía como Operador IV a cargo de los inventarios de los espesadores de la planta, y luego como Operador II, tarea que desempeñó durante siete años.
El año 2008 postuló a la compañía. Mientras esperaba resultados, recibió una oferta para irse a Brasil. “Me fueron a ver hasta mi casa, pero tenía el presentimiento que no era lo que quería”. Días después recibió el llamado que esperaba: había sido seleccionado por MLP.
Desde entonces inició un proceso de crecimiento interno constante, avanzando por distintos niveles operacionales, pasando por Operador IV, III, II, I, Maestro Mayor, hasta alcanzar su actual rol de Monitor.
“Siempre me lo he ganado. Año a año participé en los procesos y se me fueron dando las oportunidades. Y cuando hablamos de todas las oportunidades, para mí han sido todas”, afirma.
Como monitor, hoy una de sus principales motivaciones ha sido acompañar a quienes comienzan su camino laboral y aportar con el granito de arena a la compañía, principalmente en seguridad y producción. En el último tiempo ha participado activamente en la formación de nuevas generaciones de aprendices. “En Pelambres están todas las opciones para el que quiere aprender”, destaca.
Fuera de la operación, su mayor orgullo está en la familia que ha construido junto a su esposa Pamela Robles Carvajal y sus tres hijos: Esteban Gonzalo, Leticia Francisca y Rodrigo Ignacio. Asegura que la mayor herencia que puede darle a sus hijos es la educación y que siempre la familia es lo más importante
A 25 años de su ingreso como practicante, Oscar sigue mirando a Minera Los Pelambres con gratitud y un profundo sentido de pertenencia: “Sigo en Pelambres por el amor que le tengo, porque me ha dado todas las oportunidades. Estoy muy agradecido de la minera. Gracias a eso he podido darle un buen pasar a mi familia”.